Vida y muerte en Argentina. El submarino desaparecido y un modus operandi

30/11/2017 | Revista Norte

La política de postergar el reconocimiento de la verdad, de encubrir los hechos causantes de una o varias muertes, de escamotear la responsabilidad implica siempre una pertinaz campaña de desinformación y sembrado de pistas falsas.

Argentina es una vez más sacudida por una tragedia.

Y lo que uno puede rastrear es un modus operandi, según el cual, se evita el encontronazo con la realidad cuando la realidad es penosa, ardua. Si es que se puede, claro.

Cuando lo de Cromañón, la tragedia se impuso por su inmediatez y su amplitud. Fueron centenares los muertos en un dantesco escenario de incendio, carreras desesperadas por salvar vidas. Aun así, hay que recordar que en la mañana sobreviniente el primer intento de la jefatura política fue destacar la extraordinaria actuación del salvataje, a tal punto que durante un lapso algunos entendimos que se trataba de un agradecimiento a una labor destacada que se festejaba y no de una penosísima tragedia que se había desencadenado poco antes esa noche.

Del mismo modo, el nunca del todo esclarecido ingreso de un tren a un andén sin detenerse que arrojó 52 muertos constituyó una tragedia frontal, sin posibilidad de escamotear la magnitud de la tragedia.

Por esas diferencias entre desenlaces trágicos explícitos y desenlaces trágicos no evidentes, lo que está pasando ahora con el submarino ARA San Juan se emparienta mucho con otro destino trágico y colectivo, también momentáneamente escamoteado, como fue la “Guerra de las Malvinas”. O con un episodio mucho más reciente y como el mismo caso del submarino, tampoco él cerrado; el destino trágico de Santiago Maldonado.

¿Cuál es ese denominador común que encontramos entre los conscriptos de las Malvinas, los tripulantes del submarino y Santiago Maldonado?

Que los encargados de informar escamotean la información, eluden el momento engorroso, oprobioso de confesar una situación que desnude su responsabilidad.

La política de postergar el reconocimiento de la verdad, de encubrir los hechos causantes de una o varias muertes, de escamotear la responsabilidad implica siempre una pertinaz campaña de desinformación y sembrado de pistas falsas (que Santiago Maldonado fue levantado en un ruta, mal vestido y medio mojado; que fue visto en una feria y hasta que se encontró un pueblo donde todos se parecían extraordinariamente al desaparecido…) lo que desnudó la mala conciencia de quienes “cocinaban el estofado”. [1]

Con los submarinistas de los cuales ahora, pasados 9 días, se busca sólo sus cadáveres, durante los primeros días se tejió toda una cadena de expectativas; se “percibieron” ruidos desde la nave, se intuyeron mensajes que no llegaban a destino…).

Repasemos sintéticamente la info en este escalofriante episodio: el miércoles 15 de noviembre zarpa el submarino de Ushuaia con destino a Mar del Plata. Desde ese mismo día, se pierde el contacto con la nave a 3 horas de su partida. “El primer comandante llevó ‘esperanza’ a las familias. […] dado que hasta ahora, ‘lo concreto es que se cortó la comunicación, nada más’.” (Perfil, sábado 18 nov. 2017). Observe el lector lo que testimonia el comandante: que saben eso solo, “nada más”. El comandante parece ignorar, militantemente, el ruido que días después se reconocerá producido a 3 horas de la partida…

En esa misma fecha, el mismo diario se permite evaluar la calidad informativa [sic]:

“Submarino ARA San Juan | ¿Creés que se informó bien sobre su situación?

Sí – No – Ns/Nc – Votar”.

Como vemos el desparpajo, investido de solvencia informativa, no tiene límites.

El domingo 19 de noviembre, un informativo electrónico nos brinda nueva información:

“Las llamadas no llegaron a enlazar con las bases de la Armada, lo que ’indicaría que la tripulación intenta restablecer contacto’. Los intentos de comunicación duraron entre 4 y 36 segundos. El gobierno argentino trabaja ahora para determinar la ubicación precisa del emisor de las señales. El submarino ARA San Juan lleva desaparecido desde el pasado miércoles con 44 tripulantes a bordo. La armada argentina confirma que el submarino desaparecido sufrió una ‘explosión’.”

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/3190921/0/detectan-llamadas-submarino-argentino-desaparecido/#xtor=AD-15&xts=46726.

Observemos que ya figura, como al pasar, “una explosión”… Será ésa la explosión que con los días se sabrá sobrevino en la misma jornada de iniciado el viaje…

“Cómo viven la espera los familiares de los tripulantes del submarino argentino desaparecido ARA San Juan”, titula Verónica Smink una nota en BBC Mundo, Argentina, 22 noviembre 2017:

“Cuando se anunció en Argentina el jueves 16 de noviembre que el submarino argentino ARA San Juan estaba desaparecido desde el día anterior, la Armada de ese país se mostró calma y confiada de que se trataba de un simple problema de comunicación.”

Una semana más tarde el ánimo cambió drásticamente. La Armada admite que ya se entró en una ‘fase crítica’: si no encuentran el submarino en las próximas horas los 44 tripulantes a bordo podrían quedarse sin oxígeno.

Es decir, los mandos náuticos nos plantean que la ausencia de comunicación durante una semana no ofrecía dudas ni problemas; sólo que prolongándose pasada la semana, ‘podrían quedar sin oxígeno”. Todavía, la explosión escuchada en las primeras horas de iniciado el viaje no tiene ninguna relevancia para esos mandos…

En ese miércoles 22, a una semana del silencio, Verònica Smink sigue informando: “que se diera a conocer este martes que unos ‘ruidos’ supuestamente provenientes de la zona de búsqueda no eran del submarino.”

“Esto generó una gran desilusión en los familiares”, contó Duga.

“Antes, también había generado enorme expectativa el anuncio de que se habían detectado 7 llamadas satelitales que podrían provenir del submarino, cosa que también se descartó.”

“Frustración y enojo”.

“Estas ‘versiones’ −todas difundidas ampliamente por la prensa local− han generado mucha frustración y enojo entre los familiares.”

“Es lógico que pase eso porque se crean falsas expectativas”, dice Jorge.

“El especialista dijo a la radio FM Milenium que unas diez personas se descompensaron.

Parecería que estamos en el momento del relato de cuando veían a Santiago Maldonado en todos lados promoviendo insensata esperanza.

Todavía ese miércoles 22, podemos leer acerca de actitudes esperanzadas: “El submarino es una caja de sorpresas, está hecho para no ser detectado. Capaz están navegando a poca velocidad”, señala, esperanzado [un pariente].” (ibíd.)

Observemos que hasta se inventan ruidos provenientes del submarino, que como, lógicamente no existen, tienen que ser descartados poco después.

Y el tiempo pasa.

El jueves 23 de noviembre, va surgiendo la verdad cruda, que estuvo cociéndose a fuego lento durante una semana:

“Validan explosión vinculada a submarino argentino desaparecido.” / Telesur, 23 nov. 2017.

Validan ahora lo que se había registrado tantos días atrás, a pocas horas de la partida… ¿por qué la validan ahora y no antes?

Todavía en medio del desmayo generalizado, se mantiene la llama de la esperanza:

‘En Argentina, sin embargo, todavía no se pierde completamente la esperanza de que la historia del ARA San Juan tenga un final diferente al de la tragedia del Kursk.’ [el submarino ruso hundido en los ’90, con todos sus tripulantes muertos, aunque en momentos distintos; se pudo leer lo escrito por quienes sobrevivieron a una explosión inicial, que fueron 23, muertos finalmente por falta de oxígeno] (Telesur, 23 nov. 2017).

¿El escamoteo como política expresa resistencia a la muerte o a verdades incómodas?

Luis E. Sabini Fernández / Rebelión

Notas

[1] Véase una excelente biografía de Santiago Maldonado, por Florencia Alcaraz en Anfibia, 11 nov. 2017.

 

 

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